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La rareza de ver abajo a un grande; Borussia, dormido

En el último lustro el futbol alemán ha estado dominado por dos equipos: el Borussia Dortmund y el Bayern Munich. El primero fue bicampeón en las temporadas 2010-11 y 2011-12, y el segundo fue monarca en la 2009-10 y es el actual bicampeón (2012-13 y 2013-14).

Pero el presente de ambos clubes es distante. Mientras el equipo bávaro es líder de la Bundesliga, el club de la región del Ruhr está acariciando el sótano. Ayer apenas logró su cuarto triunfo —apretado por cierto— en 14 partidos. Tiene 14 puntos y está lejos del conjunto dirigido por Pep Guardiola.

El Dortmund tiene 4 victorias, 2 empates y 8 derrotas, algo inusual en un equipo histórico en Alemania —es el tercero con más títulos de la Bundesliga con 8, uno menos que el Nuremberg y detrás del todopoeroso Bayern Munich, que tiene 24).

Es tan raro ver al equipo de vestimenta amarilla en la zona baja de la tabla, como resultaría raro ver al Real Madrid o al Barcelona en puestos de descenso en España. Uno de los factores a los que se atribuye el bajo rendimiento en la liga alemana es la salida de un jugador que en años anteriores resultó clave, el polaco Robert Lewandoski, quien fue el hombre gol de Jurgen Klopp —promedió 31 goles en las últimas tres temporadas con el Dortmund—.

Lewandoski fue reemplazado por Ciro Immobile, máximo goleador de la Serie A la pasada temporada con el Torino (20 goles), pero el italiano no ha encajado con la idea del futbol explosivo y vertical de Klopp. Immobile lleva seis tantos en la temporada, tres en Champions, dos en Bundesliga y uno en copa, poco si lo que se pretendía de él era llenar el hueco del polaco.

Es tal la falta de contundencia del Dortmund con Immobile como centro delantero, que es más notoria y relevante la ausencia de Lewandoski que la del mismo Mario Götze, un jugador hecho en el Borussia con un talento de crack, que al igual que Robert emigró a Munich, para jugar con el Bayern.

Otra cuestión que podría explicar la situación del Dortmund es justamente su sistema de juego. Klopp trabaja con un esquema 4-2-3-1, sistema en el que resulta imprescindible un delantero de la talla de Lewandoski. Además, este dibujo táctico pondera el contragolpe, algo que en un futbol tan físico y con un ritmo de juego tan intenso como el alemán, resulta poco efectivo. Eso sin considerar lo pareja que es la Bundesliga —actualmente sólo del segundo sitio para abajo, pues el Bayern arrasa—.

Pero una situación que provoca curiosidad es el hecho de que el mismo Dortmund que arrastra la cobija en la liga de Alemania, luzca tan poderoso en la Champions, donde, a falta de una jornada, ya logró su pase a octavos como líder del grupo D, con 12 puntos, producto de 4 triunfos y una derrota. Además tiene 13 goles a favor y sólo tres en contra —de hecho en el torneo europeo es donde más ha lucido Immobile—.

Es por ese excelente funcionamiento en Champions, que el Signal Iduna Park —su estadio— sigue pintado de amarillo en cada partido y que su fiel y amorosa afición no ha entrado en pánico por la extraña realidad del equipo en la liga, a la que le resta un largo camino —22 partidos por delante— y en la que quizá el despertar se dio con la victoria de ayer 1-0 sobre el Hoffenheim.

Además ya lo declaró uno de los íconos del Dortmund, Matt Hummels: “A menos que tengamos una racha de 30 partidos malos, creo que es simplemente imposible que acabemos luchando por no descender”.

 


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