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Murió Gordon Banks, el portero de la Atajada del Siglo en México 1970

El futbol internacional ha perdido a una de sus máximas leyendas. Gordon Banks, autor de la Atajada del Siglo en el Mundial de México 1970, falleció en Inglaterra a la edad de 81 años, víctima de cáncer de riñón.

Pese a que fue considerado por la FIFA como el mejor portero del mundo durante seis años consecutivos, Banks nunca pudo conseguir un título de liga en Inglaterra.

Su carrera estuvo marcada por las luchas por evitar el descenso con el Leicester City, equipo con el que debutó. Encontró estabilidad con el Stoke City, con el que ganó una Copa de la Liga, pero a cambio de su escasos títulos a niveles de clubes, ingresó al olimpo del futbol al conquistar la única Copa del Mundo de Inglaterra, en el Mundial de 1966.

Gracias a ello, Banks y todos los integrantes de aquella selección fueron condecorados con una medalla por parte de la Reina Isabel, la cual es conservada en una caja roja por los familiares del arquero, quien llegó al Mundial de México 1970 como Campeón del Mundo.

Durante la fase de grupos, Inglaterra enfrentó a Brasil en el Estadio Jalisco el 7 de junio y durante el encuentro, Banks alcanzó la inmortalidad al realizar la que es considerada una de las atajadas más espectaculares y complejas de la historia, luego de mandar a tiro de esquina un cabezazo de Pelé, quien remató picado. Banks alcanzó el balón con la palma de la mano derecha, prácticamente sobre la línea, y mandó el balón por arriba del travesaño.

“Yo he marcado tantos goles en mi vida, pero muchas personas, cuando me reconocen, siempre me preguntan sobre eso (la atajada de Banks). Aunque era realmente fenomenal, mi memoria de Gordon no es definida por eso, es definida por su amistad. Él era un hombre gentil y cálido que daba mucho a la gente”, escribió Pelé tras enterarse del fallecimiento del inglés.

El País recuerda que Banks fue de aquellos porteros que vivió la transición de las manos desnudas a los guantes. Antes de la llegada de éstos, Banks solía masticar dos chicles y cuando éstos estaban viscosos los embarraba en sus manos, después lamía sus palmas y dedos para provocar una consistencia pegajosa y de esta manera sujetar el balón de una mejor manera.


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