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El entrenador de la infancia de Modric aún conserva las espinilleras de madera

Por Elías Guerrero

Corrían los años 90 en Europa, Luka tan solo tenía 6 años cuando estalló la guerra de los Balcanes en 1991. El conflícto bélico sería parte crucial de su vida, con su padre alistado en el ejército croata.

El pequeño Luka vería cómo mataban a su abuelo cerca de su casa en Obrovac. Para evitar más problemas, su madre decidió trasladarse con su familia a Zadar, donde Luka empezó a interesarse de verdad por el balón.

Luka pasaba todo el día jugando a la pelota, golpeando las paredes y sorteando todos los obstáculos que le iban saliendo a su paso. “Jugaba todo el día y quebró más ventanas con su balón que las ondas de las bombas de la guerra”, decían los empleados del hotel en el que su madre y él se hospedaron durante algunos meses.

Con 10 años comenzó el sueño. Después de jugar durante varios días un torneo en Italia, al pequeño Modric le iba a surgir la oportunidad de empezar a jugar en serio. Tomislav Basic, jefe de la cantera del Zadar, decidió fichar al joven jugador, en el que veía una gran proyección, por lo que le apoyo en su crecimiento.

“Eran muy pobres, no tenían dinero para materiales, así que decidí hacerle unas espinilleras de madera que aún conservo, porque sabía que iba a ser un gran jugador”, decía Tomislav Basic.

Con esas espinilleras de madera, el joven jugador iba a empezar a destacar en el Zadar, lo que le permitió dar el salto al Dinamo de Zagreben en 2003. Un año después debutó en la primera división croata, donde dejó claro que era un jugador de otro nivel.

A Luka no le gusta que le hablen acerca de su pasado, es como una hoja oscura en su historia. “Es verdad que alguna vez se ha molestado por recordar esto. Pero yo creo que es parte de su vida y tiene que estar orgulloso de donde salió”, comparte Basic.


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