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Y renace la esperanza de una nueva generación dorada

Diego Lainez, Jonathan González, César Montes, Uriel Antuna, Roberto Alvarado y el goleador Eduardo Aguirre son los nombres de la nueva generación de futbolistas mexicanos. Una nueva generación que vuelve a ilusionar, como lo hicieron las anteriores, con que ésta sí es la buena.

Desde 2005, cuando México irrumpe en el escenario futbolístico de las categorías infantiles y juveniles, con un título Mundial Sub-17, son al menos tres las generaciones de jóvenes talentos mexicanos que dan la ilusión de que el Tri, con ellos, puede llegar al quinto partido y más.

Pero de ilusión no ha pasado. La generación 2005, con Carlos Vela, Giovani dos Santos, Enrique Esqueda, Patricio Araujo, Ever Guzmán, César Villaluz… nada. Algunos como Gio y Vela jugaron en Europa y ahora recalaron en la MLS, mientras que otros no lograron trascender más allá da la Liga MX y otros más incluso desaparecieron.

Y de ellos como salvamento de la selección mayor, tampoco nada. Y la generación de 2011, también campeona Sub17 con el Pollo Briseño, Carlos Fierro, Julio Gómez, Jonathan Espericueta, Marco Bueno, Kevin Escamilla… nada, nada.

Y de los subcampeones Sub 17 en Emiratos Árabes Unidos 2013, con algunos nombres como Govea, Gudiño, Erick Aguirre, Alejandro Díaz… nada.

Y de las generaciones Sub-20, Sub 21 y Sub-23 lo único rescatable es la generación encabezada por Marco Fabián, Raúl Jiménez, Héctor Herrera, Javier Aquino y Diego Reyes en 2012, cuando, luego de ganar el Esperanzas de Toulon se enfilaron a la medalla de oro en los Olímpicos de Londres.

En fin, el futbol vuelve a ilusionarnos con otra nueva ‘camada’ de jugadores talentosos y con gran futuro. Hoy vencieron sin dificultades a Turquía 3-1 con un triplete de Eduardo Aguirre (7 goles en el torneo) y llegaron a la final del Esperanzas de Toulon donde enfrentarán a Inglaterra el próximo sábado.

Más allá del resultado, pintan, muchos de ellos, para ser los nuevos rostros del Tri mayor, el futuro del futbol mexicano. O pueden ser también, como ha sucedido, sólo una ilusión.

 


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