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Richmond Roose, el galés que cambió las reglas para un portero

Por José Duval Moreno

El futbol es uno de los deportes más aclamados por millones de fans en todo el mundo y su historia es tan rica y extensa que da para hablar sobre un personaje en particular que fue capaz de cambiar el reglamento.

Hace más de 150 años que se practica futbol más o menos como lo conocemos ahora, pues en 1863 Inglaterra se separaron los caminos del rugby y el futbol y fue así como se fundó la Football Association, en Inglaterra.

Con ello, se crearon reglas y fundamentos para este deporte que se han ido modificando, de tal forma que el futbol se diferencia cada vez más del rugby, del cual se desprende la posición de portero.

Hasta 1912, los equipos tenían un jugador que podía tocar el balón con las manos en cualquier parte de la cancha, siempre y cuando no superaran la línea del medio campo y ahí donde aterrizamos en protagonista de esta historia, Leigh Richmond Roose, de Gales, quien jugó para el Stoke City, Everton, Sunderland, Celtic y Aston Villa.

Era un hombre corpulento, de 1.86 metros, tan fanfarrón como galán. Cuando el partido se jugaba en el otro extremo de la cancha, él se colgaba del travesaño para hacer ejercicio. Entre sus múltiples romances se le conoce uno con Marie Lloyd, una actriz y cantante muy famosa en aquella época.

Esa personalidad tan arrogante se complementaba con un estilo de juego agresivo, pues aprovechaba que podía sostener el balón con las manos para casi tacklear a sus rivales, uno de ellos incluso perdió el conocimiento.

Sin embargo, dejó de hacer esto cuando era portero del Sunderland. Antes de comenzar la temporada, varios equipos ya se habían quejado sobre la forma de juego de Richmond y la ventaja que sacada del reglamento, por lo que éste fue modificado, de modo que se estableció que el portero sólo podría tocar el balón con las manos dentro del área.

Desde entonces la regla se ha mantenido casi intacta, de modo que el portero puede tomar el balón con las manos en su área, siempre y cuando no venga de mantera intencionada por un propio compañero.


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