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Ser mamá de un futbolero y vivir en el intento

Mientras sus hijos se apasionan por el futbol, las madres ¿qué? Sin ellas, el deporte más hermoso del mundo no existiría. Fueron las encargadas de traer al escenario del balón jugadores, árbitros, directores técnicos, periodistas y millones de aficionados enamorados de un balón. Pocas veces se les toma en cuenta pero son personajes ligados a un sentimiento que va desde la típica expresión de una mentada hasta sufrimientos y alegrías obsequiados por los retoños.

A muchas mamás ni siquiera les atrae poquito el balompié, sin embargo ahí han estado de alguna u otra manera. Que si lavando uniformes, que si echando porras, que si preocupadas por una lesión, que si regañando por no hacer tareas y sí jugar la cáscara, que si angustiadas porque conocen el temperamento de su criatura.

¿Qué piensa y qué siente la madre de un futbolero?  El siguiente ejercicio fue efectuado con Toñita, esto con el propósito de compartir con usted lector la faceta pambolera de quien escribe desde la percepción de una mamá, la mía.

EL: Señora, ¿le gusta el futbol?

T: No mucho, la verdad. Bueno, no como para darle prioridad respecto a mis actividades. Es un deporte que tensa, que causa nervios. El futbol me genera emociones que desgastan, por lo que prefiero no verlo ni estar al pendiente de él. Un ejemplo es la Selección Nacional, mi equipo. Me enoja que no anote gol o que pierda, y la derrota me pone de malas. No lo disfruto como yo quisiera.

EL: ¿Cómo quisiera disfrutarlo?

T: Sin sufrir, sin enojarme. Me gustaría que siempre ganaran, o que por lo menos anotaran goles.

EL: ¿Cómo fue que se acercó al futbol?

T: Por mi hijo, por el interés de descubrir el porqué le apasionaba tanto. En mi familia no son muy futboleros, y su papá lo era pero bastante reservado, tibio. Fue un gusto que mi hijo fue adquiriendo solo. Lo veía entusiasmado viendo los partidos, nada lo distraía. Lo mismo pasaba cuando leía periódicos o revistas para informarse de todo. Se sabía nombres de equipos y jugadores en vez de las tablas de multiplicar.

Me inquietaba cuando llegaba a la casa con las rodillas raspadas, zapatos sucios y pantalones rotos. Sin embargo, ganara o perdiera, llegaba de buenas, contento. Como no lograba entender su mundo, me acerqué al futbol. Recuerdo cuando lo llevé a su primer partido en el Estadio Azteca: era el niño más feliz del mundo. Brincaba, gritaba, lloraba de emoción. Me contagió observarlo así.

EL: No todo es alegría en un futbolero…

T: No, también sufren mucho, sobre todo en la etapa que pasan del gusto por el juego a la pasión total. No es lo mismo cuando lo juegan a cuando lo ven, o cuando se fanatizan con un equipo. Creo que son procesos de emociones que viven los aficionados. Bueno, en mi caso porque mi hijo es aficionado, no es futbolista pues.

Recuerdo cuando se enojaba o se entristecía porque su equipo había perdido. Le irritaba la derrota. Se ponía muy mal si  su equipo perdía contra el acérrimo rival, se alteraba nomás por saber que al día siguiente tenía que soportar las burlas en la escuela. A veces se deprimía. Se encerraba en su recámara y no quería que nadie lo molestara. Como madre te asusta porque no sabes cómo manejar esas situaciones sin afectar con regaños lo que siente en esos momentos. En casa apostamos por platicar con él, que me contara qué sentía. Conforme fue creciendo, vi que el futbol le enseñó a controlar sus impulsos, a dominar sus emociones, a disfrutarlas. El futbol es como la vida en el sentido de que se pierde, se gana, y te brinda la oportunidad de levantarte, de luchar, de competir, de reír, de llorar, de convivir, de conocer y aprender de otras personas.

EL: Usted sufría por él.

T: Justo en su adolescencia. Además de la edad, su afición rayaba en fanatismo. Era imposible hablar con él, no entendía razones. Era muy broncudo, muy impulsivo, muy dado a los trancazos como muchos otros chicos. Cuando iba al estadio o a jugar con sus amigos, yo rezaba para que regresara sano y salvo a casa, para que no se fuera a pelear.

EL: Después él mismo se cansó del fanatismo.

T: Sí, se dio cuenta que eso no lo llevaba a nada. Y sirvió mucho que un día se topó con uno más bravo que él y lo puso como campeón. Igualmente aparecen otras inquietudes como tener novia, o experimentar otras cosas como trabajar. En su caso se fue hartando de gastar y gastar dinero que no disfrutaba en el futbol. No se sentía cómodo, se sentía como forzado. Eso fue una reflexión de él mismo. Mucho ayudó que fue conociendo varias personas que le contaban historias, ¡y cómo le fascinan las historias!

Su gusto por recolectar historias, escuchar las de otros, es algo que trae desde pequeño, pero lo sustentó en la parte final de la adolescencia. Escuchando historias se fue calmando, fue olvidándose del fanatismo e inició a agarrarle un placer más romántico, por decirlo así, al futbol.

EL: También implica aprender un lenguaje, por no decir otro idioma.

T: Ah, sí. Eso del fuera de lugar es todo un rollo cuando no tienes mínima idea de futbol. Lo mismo ocurre con frases, apodos y nombres. Por eso una como madre tiene que preguntar sobre tal o cual cosa para comprender mejor el idioma que habla tu hijo futbolero. Ni qué decir del amplio vocabulario de groserías que se pueden decir en un partido, groserías que yo también digo.

EL: ¿Qué pasaría si un día desapareciera el futbol?

T: Nos arrancarían un pedazo de vida, un pedazo del alma. Uno de los placeres que tiene este deporte puede verse en un hijo cuando festeja un gol y comparte su alegría con el resto, o cuando te cuenta de la entrevista que hizo o del estadio que conoció. Mi hijo es periodista, es reportero, y suele escribir bastante de futbol, lo que te provoca mayor apego hacia lo que para él es importante.

EL: Futbolero como aficionado y futbolero en un oficio, ¿se sufre doble?

T: Como madre siempre querrás el bienestar para tus hijos, por lo tanto mortifica verlos sin empleo o percibiendo salarios de miseria. También una se preocupa cuando sabes que prepara algún reportaje sobre un tema delicado o va a meterse en quién sabe dónde y no tienes comunicación con él durante cierto tiempo. A veces creo que duele más lo que callan los reporteros, pues ven tantas cosas y escuchan tantas historias que no siempre son agradables, situaciones que a lo mejor no te cuentan para no alarmarte o no angustiarte. De igual forma considero que el oficio de reportero, en este caso dentro del ámbito deportivo, tiene su recompensa en lo apasionante que es. No solamente es mi hijo, son muchos los muchachos que podrían cruzarse de brazos o elegir otro oficio, pero prefieren jugársela con lo que les gusta.

EL: ¿Qué le reprocharía al futbol?

T: La violencia, me enoja la estupidez de quienes son capaces hasta de matar por una pelota. Tampoco me agrada que los clubes y futbolistas no piensen en los aficionados. Les suben el precio a los boletos, niegan autógrafos, no conviven con su afición. Les importa más el dinero que el amor por lo que practican.

EL: Dijo que llevó a su hijo al Azteca en su primer partido. ¿Recuerda algún otro partido en especial?

T: Sí, un clásico. Escuchaba y leía por todos lados que el clásico era entre América y Guadalajara, que se trataba del partido más esperado, que los equipos dividían afición, que no se podían ni ver. No creí que fuera tan intenso hasta que fui a uno en el Azteca. ¡El estadio estaba lleno! Sinceramente impacta ver un estadio como el Azteca totalmente repleto y con la gente apasionada por el juego.

EL: El futbolero suele ser obsesivo con un tema cuando éste le agrada o es de su interés.

T: Díganmelo a mí. Sí, así es. Me acuerdo de Maradona. Que si Maradona esto, que si Maradona lo otro. Para todo y a toda hora, ¡Maradona! O un señor llamado Marcelo Bielsa. Ya me tenía mareada con Bielsa. Lo peor es que pasa el tiempo y una es la que termina preguntando sobre Maradona o Bielsa.

EL: ¿Qué es lo peor que le puede hacer a un hijo futbolero?

T: Regalarle cualquier artículo del equipo contrario, eso no lo perdonan. Otra cosa que les afecta en demasía tiene que ver cuando interrumpes el partido que están viendo. Ponerte frente a la tele para pedirle de favor que en ese mismo momento vaya a la tienda, madre mía, es como si les hubieras arruinado el día.

EL: El mejor detalle es…

T: Lo más sencillo y práctico siempre será una camiseta. Pero si tienes un hijo que lee y escribe, dale historias. ¿Cómo? Con un libro sobre futbol.

EL: ¿Cómo se imagina a la mamá de un árbitro?

T: Debe ser la mamá futbolera más fuerte mentalmente porque recibe puros insultos y ofensas de millones de personas que no conoce, insultos y ofensas que comparte con su hijo.

EL: ¿Admira usted a algún jugador?

T: Actualmente soy fan del Chicharito. Es un muchacho con carácter y que busca triunfar donde muchos ni de chiste creerían que llegaría. Hugo Sánchez también merece reconocimiento por haber aguantado todo para llegar a ser la estrella que fue.

EL: Si tuviera que darles una sugerencia a otras madres de futboleros, ¿qué les diría?

T: Si a su hijo le gusta el futbol obséquienle un balón y déjenlo jugar, permítanse disfrutar y aprender junto a ellos. Ah, paciencia, mucha paciencia.

Twitter @jeryfletcher


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