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Una ruda muy brava

Dicen que la primera impresión lo dice todo, pero eso no aplica con Pamela PT Macazaga. Aparenta ser una chica frágil físicamente y tímida de carácter, rasgos de un perfil delicado que ni de broma harían suponer lo contrario. A ojo de buen cubero se le podría adjudicar el término vulgarmente conocido como muñequita de porcelana, o en su defecto la expresión tradicional de “la que no rompe un plato”. Sin embargo, nada que ver.

Pieza clave de la ofensiva, la receptora de Barracudas demuestra en el campo lo erróneos que pueden ser los juicios inmediatos hacia su persona. Sea en entrenamiento o en un partido, toda vez que se enfunda en el atuendo del equipo, Pamela es un remolino de adrenalina y fortaleza, es un torbellino de inquietudes y emociones derivadas por la pasión que desprende el ovoide.

El mismo espíritu guerrero que derrocha en el césped, lo manifiesta fuera de él. Así como es una guerrera en el deporte que practica, Pamela lo es también en la vida, y tiene un motivo poderoso, su pequeña hija.

Que lo diga Pamela

EL: ¿Por qué futbol americano?

PM: El trabajo en equipo es muy fuerte. A diferencia de otros deportes que se enfocan en una sola persona, el futbol americano es colectivo, como si se tratara de un reloj. Aparte tiene aspectos que te motivan, por ejemplo cuando tienes compañeras que te dicen “vamos, tú puedes” al momento de hacer algún ejercicio, ejercicio que a lo mejor estando sola ni siquiera intentaría. Digamos que parte de un esfuerzo individual para un bien común, eso me gusta de este deporte.

EL: Mucha disciplina, bastantes golpes.

PM: Todo está en la mente. Si te da miedo o flojera pues obviamente no vas a poder. Si no puedes simple y sencillamente este deporte no es para ti. Tienes que intentarlo. Todo cuesta, es difícil al comienzo, pero primero tienes que intentarlo. Lo más importante es que te tiene que gustar. Las que estamos aquí es porque queremos estar aquí.

EL: Dos horas diarias de entrenamiento nocturno implica decir que no a otras diversiones. Digo, es Playa del Carmen.

PM: Sí, habrá amigos que quieran que vayas al cine, hacer otras cosas, procurar otras relaciones, pero yo tengo bien definido que mis dos horas diarias de entrenamiento son compromiso para mí y para el equipo. Eso lo tengo claro, no lo negocio.

EL: Además de la disciplina, a ti como Pamela, ¿en qué más te ayuda?

PM: En lo particular me sirve mucho por el tipo de empleo que tengo, que es estar todo el tiempo en atención a clientes, y el ambiente es muy pesado. Acudir a entrenar es completamente diferente, te enfocas en algo totalmente distinto que no tiene nada que ver con el trabajo. Entrenas y te ejercitas, gritas, corres, golpeas. Sacas todo el estrés, sirve bastante como terapia.

EL: Trabajas, entrenas, juegas. A ello hay que sumarle tus responsabilidades como mamá.

PM: Jajajaja, sí, me divido en mil. Salgo de trabajar y por supuesto que primero me enfoco en las actividades de mi hija.  Ella juega tenis, toma clases de inglés, tareas, así que estamos muy activas. Obviamente que le dedico tiempo a mi hija, a la relación madre-hija en el sentido de que también nos divertimos y nos distraemos. Sí es algo pesado estar de arriba a abajo, pero me aplico.

EL: ¿Soltera?

PM: Soltera, soltera, y por ahora así estoy bien.

EL: A diferencia de otros niños, tu hija le echa porras a una mamá que recibe tacleadas.

PM: El futbol americano como tal no lo identifica en sí. Para ella significa ver que su mamá corre, hace ejercicio. A todo mundo va y le dice que “mi mamá entrena, mi mamá va al deportivo”, lo que para ella también es método de distracción. Va conmigo a los entrenamientos y ella convive con otros niños, juega, se cansa, así que llega a casa, se baña y se duerme. Es algo que agradezco porque así no la tengo en casa encerrada y viendo todo el día televisión.

EL: ¿Y tiempo para el amor?

PM: Cuando comencé a entrenar estaba con alguien. Aparte de mis responsabilidades como mamá, el hecho de que mi trabajo absorbiera gran parte de mi tiempo, además de entrenar, fue una razón para tomar la decisión de separarnos. Muy distinto a lo que se puede pensar en el sentido de “no me dedicas tiempo a mí”, fue el “hazlo ahora que puedes porque el día de mañana estarás más grande y no lo vas a hacer, no te quedes con las ganas de hacerlo”. Si bien ya no somos pareja, nos seguimos viendo de vez en cuando como amigos. Es alguien que me echa porras, me pregunta cómo me siento, pero ya sin el plus del compromiso que teníamos.

EL: ¿Cómo te sientes hoy día?

PM: Han sido años de dedicarlos a mi familia, a mi hija, al trabajo, a la pareja, y llega un punto en que reflexionas dándote cuenta de que no haces algo para ti. Pasé mucho tiempo sin hacer algo para mí. Hoy hago algo que quiero, algo que me gusta. Me faltaba estar conmigo misma, dedicarme a mí.

EL: Podría decirse que practicar futbol americano le dio un giro a tu vida.

PM: Totalmente. De un estilo de vida sedentario, de un estilo de vida enfocado en la fiesta, de un estilo que consistía estar en casa viendo la tele junto a mi hija, de ser una chica que comía pizza, pasé a tener que enfocarme en disciplinas de ejercicio, alimentación y deporte. En mi primer entrenamiento ni siquiera pude terminar de darle una vuelta al campo. Me siento mejor, con mucha energía, tranquila, liberada de estrés. Me siento bien conmigo.

EL: Pero en el campo no se puede ser tranquila.

PM: Adentro tienes que concentrarte. Podrás ser la mujer más tranquila del mundo en la vida diaria, pero en el campo no puedes ser tranquila porque la persona que te va a cubrir no va a tener compasión de ti en ningún momento. La adversaria no se va a poner a pensar en que “está flaquita, pobrecita, mejor no la toco”. No, te van a dar y tienes que dar con todo. En lo personal me veo muy tranquila, sin embargo soy muy agresiva. Antes yo jugaba futbol soccer y me sacaron por eso, por agresiva. Llegaba con las jugadoras a dar trancazos, a las trompadas, así que alguien me dijo que estaba equivocada de deporte.

EL: Difícil de creer porque no tienes pinta de repartir trancazos.

PM: Jajajaja, lo sé. Gente que me conoce también se pregunta si en verdad juego americano, o si no me rompo con una tacleada. Me ven chiquita, delgadita, pero soy intensa y brava cuando juego. Como en todo deporte, la pasión te gana.

EL: Dijiste que jugabas soccer. ¿Qué lo hace distinto al americano en materia de apego ya practicándolo?

PM: En el soccer, al menos en el femenil, no hay tanta disciplina, como que vas al ritmo de lo que el equipo decida al día. Acá hay mucha disciplina, al grado de lo tienes que hacer porque lo tienes que hacer. Otro punto que ya no me gustó de practicar soccer, aparte de que sacaba mi lado más agresivo, es que generalmente se tiene que jugar para una persona, para que brille la estrellita, para que luzca uno o dos elementos y los demás sean relleno. Acá en el americano das el cien en función de un objetivo colectivo.

EL: De repartir trompadas a las rivales pasas a integrarte a otro mundo de puras mujeres como lo es Barracudas. ¿Difícil?

PM: ¡Ni nosotras como mujeres nos entendemos! A diferencia de otros lugares donde tengo que convivir con muchas, aquí en Barracudas todas estamos enfocadas y mentalizadas en lo que tenemos que hacer como propósito común. Por supuesto que hay personalidades variadas como la berrinchuda, la quejumbrosa, la enojona, pero no afecta porque no estamos compitiendo para pisotearnos una a otra. Es verdad que las mujeres somos muy complicadas, pero también es verdad que podemos llegar a formar hermandades donde sacamos lo mejor de nosotras y no lo peor.

EL: ¿Cómo das con Barracudas?

PM: Amigos me invitaron a verlas jugar. Una vez que las vi, me atrajo su identidad de equipo. Me acerqué a ellas, me recibieron muy bien e hicimos clic.

EL: ¿Qué tal el entorno en el equipo?

PM: Hay compañeras que son extraordinarias jugadoras. En lugar de envidiarlas, admiro y valoro sus cualidades. Me acerco para pedirles consejos, para que me enseñen. El hecho de que tengas junto a ti a alguien que es mejor que tú resulta sano en la motivación. Si yo llegara sintiéndome y creyéndome la mejor, o mejor que todas, no voy a aprender nada, me estancaría.

EL: Eso habla de humildad.

PM: Y de que las personas sigamos manteniendo la voluntad para aprender sobre otras cosas, para aprender de otros.

EL: Eres receptora, por lo tanto el balón es angustia.

PM: Sí es mucha presión. Sabes que todo el trabajo del equipo depende de que el balón se quede en tus manos. De nada sirve que todo el equipo se haya golpeado, y a lo mejor haya quienes se lesionen, si al final lo que tienes que hacer no lo haces o lo haces mal. Sí te pesa en lo emocional. Haces berrinche para ti misma, te presionas a ti misma, pero en equipo se te motiva y pensamos en lo que sigue.

EL: “No es un deporte serio, andan hasta encueradas”.

PM: Cuando digo que juego futbol americano en bikini, el primer comentario proviene de las mujeres y es para decirme que se trata de puro exhibicionismo para los hombres. En cambio, los hombres luego luego preguntan si en verdad nos tacleamos. He visto la transformación de personas que criticaban o veían con morbo este deporte y se sorprenden cuando nos ven jugar, porque ven que sí nos entregamos en el campo. Poco a poco se acerca más gente, poco a poco hay más aficionados. El uniforme es un requisito. “Pero podrían jugar en short”, te dicen. Y sí, sin embargo tendrían que ver el lugar donde jugamos, Playa del Carmen.

EL: También hay quienes se acercan por el taco de ojo, ¿no?

PM: Conozco amigos que sí lo hicieron por el morbo de ver a las chicas en bikini. Ellos mismos lo decían: “vamos a verles el trasero”. Pero cambiaron de opinión cuando vieron a las chavas ya en un partido, cuando ya estaban preocupados por saber si tal o cual jugadora se lesionó.

EL: Tú lo referiste, te divides en mil, no obstante te ves entera. Así como dices admirar a tus compañeras, ellas también te han de admirar.

PM: Hoy soy una mujer que se siente feliz consigo misma, una mujer que encontró en el americano un reto y una motivación para atenderme en varios aspectos que tenía descuidados. Mi motor, sin duda, es mi hija. Por ella y junto a ella soy una mamá que lucha, pero que lo hace con una sonrisa en la cara.

EL: ¿Qué sigue?

PM: Que las rudas rudas Barracudas seamos campeonas. Eso queremos y para eso nos esforzamos todos los días.

Twitter @jeryfletcher


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