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Más allá del trago, va de gane

Además del impacto comercial que tiene la pelea entre Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao para restaurantes y bares en Playa del Carmen, anunciada por todos lados con diversas promociones, la batalla ha provocado la interacción sin distingo entre los aficionados al boxeo, destacándose aquellos que están ávidos de compartir su gusto por el pugilismo a través de los recuerdos que se mantienen frescos en pieles que se enchinan.

Lo mismo pueden dialogar un turista proveniente de Chicago con un mesero que una fanática de los deportes con un taxista. Cada quien señala a su favorito, explica sus porqués; Mayweather Jr. y Pacman reparten equitativamente las simpatías.  “Es muy fuerte, sabe golpear”. “Se mueve rápido, apostará por cansarlo”. Opiniones variadas.

Pero la confrontación ha sido gran excusa para que algún visitante estadounidense se sienta feliz de pronunciar el nombre de Julio César Chávez, al que considera como uno de los mejores peleadores que ha visto a lo largo de su existencia, sobre todo por lo imposible de olvidar su temible gancho al hígado. Y no hace falta que lo repita dos veces porque de inmediato encuentra eco en miembros de la generación que vio triunfar al gran campeón.

Tampoco faltan los argentinos. Para algunos lo más próximo al deporte de los guantes es Maravilla Martínez, pero para otros el tiempo se remonta a Carlos Monzón, boxeador al que guardan en el aprecio por ser anécdota heredada de sus padres, de sus viejos, a los que extrañan y desean ver después de muchos años sin volver a casa.

En tanto, alguno que otro yucateco se emociona al hablar del orgullo de Mérida, es decir de Miguel Canto, otro de los legendarios boxeadores que ha dado nuestro país.  Además de presumirlo, resaltan sin temor de asegurar que ha sido el mejor peso mosca mexicano, y de los mejores en el mundo en la historia del pugilismo.

Más allá del trago y pago de cuentas con propina incluida, la pelea también gana.

Twitter @jeryfletcher


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