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La pelea del siglo, la pelea de dos mundos

Manny Pacquiao entró sonriente y sonriente subió a la báscula. En sus palabras: Dios, su familia, su país, la afición. Confianza pura sobre el resultado. Humilde y sereno, así está el filipino a 24 horas de la pelea más importante de su vida.

Arriba del ring todo cambia. Pacquiao se vuelve una máquina de tirar golpes. Su agresividad no le permite pensar en otra cosa que atacar. Su voluntad de dar un buen espectáculo y de dar un triunfo a su gente lo convierten en un feroz rival.

 

Floyd Mayweather Jr., el rey de la soberbia, nunca sonrió. Siempre con rostro como de molestia, con pocas palabras en sus respuestas a los medios. Serio, molesto… concentrado, eso sí.

Confiado en su victoria 48, Mayweather asegura que pese a lo que mucho piensan, ” sí sé boxear”. Pero, al menos en la última década, se ha convertido en el amo de la defensa, pero en el destructor del show.

Su obsesión por ganar y por no ser lastimado lo ha llevado a perfeccionar un estilo de total defensa, de quitarse golpes, de caminar para atrás, de contraatacar sólo cuando es prudente. Efectivo, poco llamativo.

 

Así de dispares son los estilos y las personalidades de los dos hombres que detendrán el mundo por unos minutos, mañana cuando suban al ring a mezclar sus diferencias.


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